Por J.

 

Un tesoro en rojo: El Rey de las Dos Sicilias, de Andrzej Kusniewicz

Gracias a la gran idea de Jorge Herralde de reeditar algunos de los títulos del catálogo de Anagrama, desde hacía buen tiempo inhallables en librerías, quienes no tuvieron la oportunidad de disfrutar El rey de las Dos Sicilias, de Andrzej Kusniewicz (Galicia, 1904-1993), podrán hacerlo ahora en el nuevo formato rojo de la famosa casa editorial.

Elegida como el primer título en volver a la luz a través de la colección Otra vuelta de tuerca, la que también nos devuelve títulos de Thomas Bernhard y Salvatore Satta, luce, tanto para sus nuevos lectores como para quienes pudimos disfrutarla antes ya, toda la magia que le valiera ser elevada a la categoría de obra de culto al momento de su primer lanzamiento en Europa, allá en los setenta.  Retratando la decadencia del Imperio Austro-Húngaro y la llegada de la Gran Guerra, ambas como fondo y – también – parte sustancial de la compleja narración de Kusniewicz en que cada detalle se entrelaza cobrando vital importancia (desde el drama de su protagonista, Emil R., sus relaciones incestuosas, al asesinato de una adolescente gitana), El rey… se presenta, a través de su prosa exquisita, como una de las manifestaciones literarias más turbadoras acerca de aquel momento clave de la historia del siglo XX.

La coincidencia temática entre esta novela y la de los gigantes Joseph Roth y Robert Musil, lleva a comparaciones que, lejos de poner a la comentada muy por debajo de tales cimas, la confirman como muy recomendable.

 

 

La primera de su clase: Agua negra, de Joyce Carol Oates

Joyce Carol Oates (EEUU-1938) parece haberse propuesto, desde el principio de su carrera, escribir más y mejor que cualquiera otro autor de su país.  Y aunque el extraordinario ritmo a que ha sido y continúa siendo capaz de sacar a la luz nuevos títulos –sean éstos de ensayo, novela, cuentos, narraciones infantiles, etc. – ha sido objeto, por lo común, más de abierta sorpresa que de sola admiración, con títulos como Ellos, Bellefleur, Mamá y La hija del sepulturero, ha conseguido críticas sobresalientes aún entre la mayoría de quienes en algún momento buscaron desmerecer su prestigio.

Agua negra (basada en el accidente que sufrió el famoso senador Edward Kennedy en 1969 en Chappaquiddick, Massachusetts, al caer el automóvil en que viajaba acompañado de su secretaria, en un pantano) concentra en sus poco más de ciento cincuenta páginas, con una intensidad extraordinaria, el talento de alguien que sólo como JCO y otros pocos, puede llegar a sorprender tan gratamente con su dominio del oficio.  Desde la perspectiva de Kelly, la víctima femenina del terrible incidente, la muchas veces candidata al premio Nobel, a través de una amplia variedad de recursos con los que sujeta y golpea al lector incesantemente, hace del drama por la supervivencia de la protagonista y la inminencia de su muerte, una experiencia inolvidable para quienes como testigos privilegiados, quedamos a salvo… a este lado de la realidad.

Una A.