Sensacional

18 febrero 2012

El día del juicio, de Salvatore Satta

Por: J.

Hace ya buen tiempo, unos amigos en cuyo criterio confío mucho, me dijeron que El día del juicio de Salvatore Satta (Italia, 1902 – 1975), era una novela fenomenal y que era una lástima que por entonces fuera tan difícil de encontrar.  La habían leído todos en la primera edición de Anagrama.  Hoy, gracias a la iniciativa de Jorge Herralde, nos es posible, a un público mayor, nuevo, hacernos de esta maravillosa obra bajo una nueva presentación de la misma casa editorial.  Su reaparición  en la colección Otra vuelta de tuerca, en la que figuran otros títulos recomendables como El rey de las Dos Sicilias –del cual escribí antes en este mismo blog – y Mi padre y yo, entre otros, es, sin duda, un acontecimiento digno de vocear en provecho de todos los amantes de la gran Literatura.

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El lujo de otro maestro

9 febrero 2012

Diario de una mujer adúltera, de Curt Leviant.

Por: J.

Me hice de Diario de una mujer adúltera luego de leer el comentario que le dedicó el genial Saul Bellow: “He leído la novela de Curt Leviant de un tirón… He saboreado cada peripecia de la intriga… Este libro está escrito con infinito tacto, sensibilidad y elegancia”.  Es cierto que la novela está dedicada precisamente a este ganador del premio Nobel, pero sería errado suponer que entre ambos maestros se dieron tratos como los típicos de algunos otros colegas suyos en las tierras del norte, y, sobretodo, por estos lares; basta recordar lo crítico que fuera el propio Bellow con Philip Roth a propósito de la publicación de su Me casé con un comunista.  No, como en tal caso, se trata de un ejemplo de franqueza.  Pero si lo dicho por el legendario autor de Herzog sobre la excelente novela de Roth resulta –yo así lo creo – harto discutible, sus elogios para con el trabajo de Curt Leviant (Austria, 1932) lucen claramente su justicia y, de hecho, con ellos coincidirán, por su entusiasmo, los de cualquier lector que caiga en sus páginas.  (Digo “caiga”, porque quien empiece la lectura de Diario… difícilmente podrá soltar el tocho hasta dar vuelta a su última página, presa de su hechizo.)

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