Gigante

25 marzo 2012

Los reconocimientos, de William Gaddis

Por: J.

Un producto de más de siete años de trabajo.  Una novela nada sencilla de leer, que ya a primera vista, demuestra que debió ser muy, pero que muy difícil de componer.  Un tocho de más de novecientas páginas en su primera edición en inglés, y de mil noventa y cinco en la disponible a la fecha en español, a cargo de Alfaguara.  Un proyecto que completara William Gaddis (EE.UU., 1922-1998) a los veintisiete años y que le tomara seis más para conseguir un editor que asumiera el riesgo de publicarlo.  Los reconocimientos, la obra de que hablamos, vería la luz en 1955 y sería recibida por la crítica de su país, sobre todo, como una obra difícil -al punto que dicho calificativo se convertiría casi una marca registrada para referirse, muchos años después y aún hoy, a ella -; pero fue tomada, también, y por muchos, como una novela fallida, ahogada en su propia desmesura.

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De casa…

15 marzo 2012

Vida a plazos de don Jacobo Lerner, de Isaac Goldemberg

Por: J.

Hace unos años, el National Yiddish Book Center de los Estados Unidos hizo pública una lista con los ciento un títulos más importantes de la literatura judía moderna, según la selección de un jurado especializado conformado para tal propósito.  Se trata, claro, de una lista impresionante.  El que para su elaboración hayan sido preferidas las obras en se retrata de manera especial el modo de vivir judío, al punto que se pueda hablar de tal, distinguiendo a sus protagonistas de los de las demás comunidades con que interactúan, ya sea en Europa, Estados Unidos o Sudamérica, no resta mérito a sus resultados: cada una de las obras brilla con luz propia y se cuenta en una u otra selección de lo mejor de la Literatura Universal.

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Unos cuantos

10 marzo 2012

Hace no mucho, famosos

Por: J.

Hace un tiempo -no demasiado si consideramos esa escala en la que los ciclos los marcan las apariciones de nuevos gigantes literarios -, autores como Graham Greene y Anatole France eran aclamados como consagrados exponentes de un arte que, a su estilo, apreciábase cercano a lectores de todo tipo, seduciendo a miles de éstos alrededor del mundo.  Eran muchos los que pregonaban sus nombres  ante la Academia Sueca, y otros tantos los que celebraron, cuando fue el caso, que ésta le diera el atronador Nobel a su favorito.  Hoy, sin embargo, ellos, al igual que muchos otros viejos maestros, han quedado en el olvido y la lectura de sus obras es deleite tan sólo para los pocos aficionados que buscaron guiados por el eco de su fama, casi extinta.

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