Rara nota

23 julio 2012

Undefined, de Joel Hoekstra

Por: J.

A menudo, ante discos de música instrumental que lucen en combinación elementos de jazz, funk y rock, entre otros, el decir que se trata de trabajos experimentales, nace de la necesidad por salir del apuro, en el común afán por clasificar la obra, y no de un impulso auténtico, resultado de un análisis serio, sin pretender, por supuesto, armar ningún canon.  En el caso de Undefined, de Joel Hoekstra (bicho raro y poco popular en nuestro medio), la palabra experimental nos nace con una sonrisa: este extraordinario guitarrista asume auténticos riesgos con sus particulares conceptos de fusión y –lo que es poco común – humor, en un balance que debe mucho a la forma en que hace pervivir en sus temas el sello de sus maestros de los setenta (desde Jeff Beck hasta los Return to forever), a través de un lenguaje musical de virtuosismo atrevido, producto de una evolución de carácter más bien reciente, muy agresivo.

Acompañado de Rick Fierabracci, quien realiza en el bajo, tal vez, la mejor performance en estudio de su carrera, del fenomenal Virgil Donati, que se muestra aquí, sencillamente genial, y con la participación, además, de varios invitados que intervienen en teclados, banjo, saxo y armónica, con arreglos de lujo, Hoekstra nos ofrece trece canciones y, a través de ellas, una sorprendente variedad de juegos, momentos, cada uno sorprendente a lo largo del viaje que significan en conjunto los 56 minutos del álbum.  Éste se encuentra dividido, con bastante claridad, en dos partes: la primera, que comprende los primeros cinco tracks, tiende, aunque no del todo, al denominado cool funky jazz, mientras los temas restantes saben más a rock, no obstante el paso por un par de temas burlescos en son de country –en lo más extraño del paseo -.  Más allá de ello, sin embargo, me permito llamar la atención sobre un rasgo común a todos los temas: un tono de seriedad, tensa concentración y una cierta oscuridad que parecen instarnos a considerar hasta los raros toques de humor con el mayor cuidado: Atendemos la obra de un Joel melancólico.  La producción del disco, que resalta lo hondo de los silencios y la agresividad con que Fierabracci y Donati atacan ciertas secciones de los temas, de pronto bajo o tras los ecos de la guitarra -siempre cambiante en sus juegos -, a ratos solos, soberbios, refuerza dicha impresión.

Se trata, en fin, de un disco destacable; algo raro, sí; experimental, en serio y sin duda; por todo ello, recomendable.

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